El billete que tardó ocho años en existir

El billete de 500 pesos que traes en la cartera empezó a diseñarse cuando todavía no salía la primera generación del iPhone 6. La Junta de Gobierno del Banco de México autorizó el programa de la Familia G en su sesión de mayo de 2013, y la última denominación, el billete de 50 pesos, no terminó de emitirse hasta 2021. Ocho años de trabajo para que unos rectángulos de papel y polímero cambiaran de cara.

No es exageración ni retraso burocrático. Según el propio documento oficial de Banxico, el proceso de diseño y fabricación de una nueva familia de billetes dura en promedio ocho años. Eso es lo normal. Lo raro sería que saliera rápido.

Los coleccionistas solemos fijarnos en el resultado: la carita, el color, el error de impresión que cotiza. Casi nunca pensamos en la maquinaria callada que hay detrás. Vale la pena asomarse.

Por qué ocho años y no ocho meses

La cifra suena absurda hasta que uno la desglosa. La Familia G abarcó de 2013 a 2021, y el primer subproyecto ni siquiera tenía que ver con dibujar caras. Se llamó, textualmente, "Investigación de las características generales de los billetes, elementos de seguridad y lineamientos de diseño". Es decir: antes de decidir a quién ponerle en el billete, Banxico se pasó una etapa entera definiendo cómo debía comportarse el papel, qué tenía que resistir y qué candados de seguridad cargaría.

Que quede claro que no es la primera vez. Desde 1969, cuando arrancó la Fábrica de Billetes, Banxico ha emitido seis familias, de la AA a la F. La familia F, la que la Familia G vino a jubilar, se empezó a diseñar en 2003 y se emitió de 2006 a 2010. La misma disciplina de casi una década, familia tras familia.

En medio de todo esto pasó algo que ayuda a entender la escala del proyecto: en 2018 entró en operación la segunda Fábrica de Billetes, ubicada en Jalisco. No es que un artista se sentara a dibujar; es infraestructura industrial de un país completo trabajando a largo plazo.

Lo que la Junta autorizó en 2013

Cuando la Junta de Gobierno dio luz verde en mayo de 2013, no aprobó una lámina bonita. Aprobó un programa con tres objetivos concretos, y el orden importa.

El primero, y esto es lo que manda todo lo demás, fue sustituir la familia entonces vigente para incorporar medidas de seguridad que dificulten la falsificación. Los otros dos objetivos fueron incrementar la durabilidad según el sustrato, papel o polímero, e incorporar elementos gráficos que representen de forma amplia y diversa al país.

Fíjense en la jerarquía. Primero que no lo falsifiquen. Segundo que dure. Tercero que se vea a México. La estética, esa que a nosotros nos enamora, va al final de la lista oficial. En las denominaciones altas eso se tradujo en cosas como la denominación multicolor y el hilo dinámico, elementos que son mucho más difíciles de copiar de lo que parecen a simple vista.

El orden de salida: primero el 500, al final el 50

Aquí hay un detalle que a los que juntamos billetes nos gusta rastrear: el orden de emisión no fue caprichoso ni por denominación ascendente o descendente. La Familia G empezó con el billete de 500 pesos y cerró con el de 50 pesos.

Ese calendario explica por qué durante años convivieron billetes de familias distintas en la misma cartera. Mientras el 500 nuevo ya circulaba, otras denominaciones seguían siendo de la Familia F. Para quien colecciona por año y por familia, esa transición larga es justo lo interesante: hay un periodo donde ambos mundos coexisten.

Papel para unos, polímero para otros

No todos los billetes de la Familia G están hechos del mismo material. Dos denominaciones, las de 50 y 100 pesos, se imprimieron en polímero. Las demás, en algodón. Esa decisión no es de gusto, viene amarrada al segundo objetivo del programa: la durabilidad depende del sustrato, y las denominaciones que más rotan y más maltrato reciben ganan al ser de polímero, que aguanta mejor el uso rudo.

El polímero también apareció fuera del catálogo regular. El billete conmemorativo de 20 pesos del Bicentenario se imprimió en ese material. Ese billete de 20 es, además, el que marca el fin de una era: la denominación se está retirando en favor de la moneda. Si quieren ver la pieza que toma la estafeta del 20, échenle un ojo a los 20 pesos Kukulkán 2026.

El fantasma del programa: el billete de 2000

Dentro del plan de la Familia G hay una denominación que existe en el papel pero que quizá nunca veamos en la vida real. El billete de 2000 pesos forma parte del programa, pero con una condición explícita: solo se emitirá si se considera que se requiere para satisfacer las necesidades de los usuarios.

Es un billete en pausa, autorizado en teoría y congelado en la práctica. Le dedicamos un artículo completo a esa rareza en el billete de 2000 pesos, el fantasma de la Familia G, porque pocos temas generan tanta curiosidad entre coleccionistas como una denominación que puede o no llegar a imprimirse.

Lo que hay detrás de un rectángulo

Todo esto viene del documento oficial de Banxico "Nueva familia de billetes", de uso público, y lo que más me quedó dando vueltas es la paciencia. Ocho años, dos fábricas, una jerarquía clarísima de prioridades donde la seguridad manda sobre la belleza. Nosotros compramos, juntamos y cazamos estas piezas en cuestión de minutos, y detrás de cada una hay casi una década de trabajo silencioso.

La próxima vez que saquen un billete de la Familia G, párense un segundo a verlo con otros ojos.

¿Y a ustedes cuál billete de la Familia G les late más, por diseño o por lo que representa? Cuéntenmelo en el foro.